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PURIFICADORES DE AGUA RESIDENCIALES
Nuestra
empresa se encuentra orgullosa de presentarle sus productos de
tratamiento de agua, los cuales son de excelente calidad.
Sabemos que el agua limpia y pura es una necesidad absoluta de
la vida. Para ayudar a satisfacer sus necesidades, hemos
incorporado las últimas tecnologías de la filtración,
la desinfección y la ultra-purificación en
nuestros sistemas de tratamiento del agua para el hogar
La mayoría de
nosotros somos afortunados y disponemos de agua limpia y
potable al abrir el grifo de casa. Pero también es cierto que
la degradación ambiental y las dificultades tecnológicas para
garantizar agua de calidad a menudo afecta notablemente a su
sabor. Una de las causas es el cloro que se ha añadido al agua
en la planta potabilizadora por motivos de seguridad
sanitaria. La cloración del agua y la presencia de cloro
durante su distribución es necesaria para que llegue a
nuestras casas libre de contaminación bacteriana, pero también
dota al agua de un gusto desagradable. En otros casos es la
gran cantidad de calcio y otras sales las que dan un sabor
fuerte al agua. Algunos bromatólogos argumentan que la
ingestión de cloro a diario, junto con los subproductos de la
cloración que lleva asociados no es adecuado para muchas
personas.
La
purificación doméstica del agua es una buena opción para todas
aquellas personas que desean incrementar la calidad del agua
de distribución colectiva. Además, permite reducir la carga de
agua embotellada y evitar los residuos de envases. Cada método
de purificación es adecuado en un contexto. En este sentido,
los filtros de carbón activo són la opción más asequible para
eliminar los problemas de mal sabor relacionados con el cloro
cuando el agua no es especialmente dura y tiene un bajo
contenido en sales minerales disueltas.
Interioridades del filtro
El componente
principal de este tipo de filtros domésticos es el carbón
activo, un material estable, inerte y extremadamente poroso,
obtenido a partir de materiales con alto contenido en carbono,
como carbón mineral o productos vegetales.
Se sabe que
ya en la antigüedad el grafito se utilizaba para filtrar el
agua de bebida en la India, y que la madera carbonizada se
usaba como adsorbente médico en el antiguo Egipto. Se cree que
en el año 400 dC Hipócrates recomendaba filtrar con carbón el
agua de bebida. Sin embargo, el carbón activo producido de
forma industrial tal y como lo conocemos se desarrolló a
principios de XX, para ser utilizado en el refinamiento del
azúcar. Desde los años 30 se usó para eliminar el sabor y olor
del agua, y desde entonces hasta nuestros días el carbón
activo se ha utilizado de manera extensiva en muchas
industrias, para eliminar o recuperar compuestos orgánicos
como tintes o disolventes de las aguas o purificar el aire,
así como en las plantas potabilizadoras, donde se usan los
lechos de carbón activo para la depuración del agua de
suministro urbano.
En los
filtros domésticos normalmente se emplea carbon activo
obtenido a partir de carbon mineral tipo hulla o antracita,
aunque también existen filtros domésticos de carbón activo
elaborados a partir de cáscara de coco.
Dada la
utilización de carbón activo en grandes cantidades para
procesos industriales de refinado, depuración o filtración,
así como en la potabilización del agua, se han desarrollado
alternativas al uso del carbón mineral que a menudo són
materiales renovables que serian un residuo, como cáscara de
coco, fibras de madera o huesos de frutas. También se
investiga en la obtención de carbón activo a partir de bambú.
La
"activación" del material se consigue exponiendo la materia
prima a elevadas temperaturas y vapor de agua. Con este
proceso se crea una estructura de elevadísima porosidad y
canales minúsculos, que se traducen en una gran superficie
interna de carga positiva. La superfície efectiva puede llegar
a ser de hasta 1400 m2 por gramo de carbón activo.
El fenómeno
por el que el material atrae y retiene las partículas no
deseadas es el fenómeno físico de la adsorción. La superfície
del carbón activo es no-polar, y por ello retiene los
elementos más hidrofóbicos y con más afinidad por el carbono,
es decir, especialmente las moléculas orgánicas. Como la
cantidad de poros libres es limitada, las cavidades se van
saturando hasta que llega un momento en que el filtro deja de
ser efectivo. Dado que las partículas quedan retenidas por un
fenómeno de superfície causado por fuerzas físicas débiles, la
adsorción, es posible su reversibilidad, normalmente mediante
desorción térmica, aplicando calor y presión, como se suele
hacer a nivel industrial.
En los
filtros domésticos, normalmente el carbón activo se halla en
forma de carbón activo granular (CAG), es decir, formado por
partículas del tamaño de los granos de arena, e instalado en
el interior de una carcasa de plástico o de acero inoxidable.
Normalmente, previo al filtro se dispone de un tejido
filtrante de polipropileno para eliminar los posibles sólidos
en suspensión de mayor diámetro, para reducir así la carga
sobre el filtro.
Por otro
lado, los filtros suelen incorporar también resinas de
intercambio de iones. En algunos sistemas, por ejemplo, al
filtro de carbón activo granular se le añade una fórmula con
zinc y cobre, una aleación conocida como KDF que mejora el
funcionamiento del filtro. La fórmula provoca la oxidación de
algunos compuestos químicos y su paso a formas no dañinas.
Éstas son filtradas o simplemente siguen su camino en el agua
como sales inocuas, por ejemplo como sucede con el cloro, que
pasa a cloruro o cloruro de zinc. El complejo KDF también
genera una corriente de muy baja intensidad (del orden de 0,04
voltios) que actua como un imán para atraer de manera
permanente partículas como metales pesados. Es un refuerzo del
filtro, ya que elimina parte de los contaminantes, dejando más
capacidad al filtro para retener otros contaminantes o los que
hayan podido escapar al complejo, y aumenta así la capacidad
del filtro, tanto en la cantidad de sustancias retenidas como
en su duración.
El agua del
grifo a examen
Exponernos a
elevadas cantidades de cloro a diario no está exento de
sospechas por lo que a posibles efectos nocivos se refiere. En
primer lugar, se relaciona la ingestión de determinadas dosis
de cloro con una mayor incidencia de cáncer de colon y vejiga.
Por otro lado, el cloro en contacto con la materia orgánica
presente en el agua, ya sea de manera natural o procedente de
vertidos industriales, reacciona y da lugar a los
trihalometanos (THM), compuestos considerados cancerígenos, el
más conocido de los cuales es el cloroformo. Aunque ya existen
métodos de esterilización del agua no químicos, la cloración
sigue siendo la más utilizada por su menor coste y porque
persiste durante el transporte del agua hasta las viviendas.
Por otro
lado, hay contaminantes que se añaden al caudal del agua
después de la salida de la planta, lugar donde se realizan los
controles analíticos, y antes del punto del consumo. Es el
caso de los materiales que se desprenden de las conducciones
de agua, como el plomo de instalaciones antiguas u otros
metales pesados. En definitiva, estas sustancias llegan a
nuestras casas a causa del sistema de depuración y suministro
existente, pero una vez allí pueden ser eliminadas para beber
un agua más saludable.
Cabe destacar
finalmente otras vías de exposición a los posibles
contaminantes del agua, como son el contacto directo con la
piel y la inhalación de compuestos que se volatilizan desde el
agua. Esta exposición se produce básicamente durante la
higiene personal, sobretodo al utilizar el agua de la ducha a
elevada temperatura. Evitar estos posibles riesgos es posible
mediante los sistemas de filtraje domésticos de carbón activo.
Propiedades
del filtro: sustancias que elimina y limitaciones
A
continuación esquematizamos aquellas sustancias presentes en
el agua doméstica que los filtros de carbón activo permiten
eliminar.
• Compuestos
volátiles, es decir, sustancias no particuladas que pueden
vaporizar o desprenderse en forma de gas desde el flujo de
agua. En general, el carbón activo es el sistema más efectivo
para eliminar compuestos volátiles. El de mayor interés es el
cloro, que aunque necesario durante la distribución del agua
hasta los hogares, es prescindible en el agua de bebida
propiamente dicha. Eliminando el cloro se evita el sabor y
olor que da al agua.
El carbón
activo también permite filtrar las cloraminas, otro compuesto
clorado usado en algunos casos como sustituto del cloro en la
potabilización, y los trihalometanos, formados tras la
cloración.
Otras
sustancias orgánicas volátiles que desgraciadamente podrían
llegar al agua de suministro serían pesticidas como el DDT o
el lindano, con origen en actividades agrícolas no ecológicas,
contaminantes como el benceno o el tricloroetileno,
procedentes de vertidos industriales, o dioxinas, por su
ubicuidad en el medio.
Un filtro de
buena calidad puede eliminar el 99 % del cloro del agua, el 98
% de los trihalometanos, y el 99 % de los posibles
contaminantes orgánicos presentes en el agua.
• Partículas
en suspensión. El filtro reduce significativamente la cantidad
de partículas en suspensión como óxidos o partículas de
tierra, que también pueden dar sabor y, sobretodo, color o
turbidez al agua. Si el filtro dispone de resina de
intercambio iónico también es posible eliminar parte de la
dureza temporal causada por elementos no disueltos y que
provoca precipitaciones de cal.
• Metales
pesados. Un filtro de carbón activo reduce la cantidad de
metales como plomo, cadmio o hierro, procedentes de la
corrosión de las cañerías. También quedan retenidos en el
filtro elementos como el mercurio, el cobre, y el manganeso,
que se hallan presentes en el medio a causa de las actividades
y vertidos humanos. El aluminio, que se puede encontrar en
concentraciones elevadas en el agua potabilizada por su uso
como floculante en el proceso de depuración, es otro de los
metales eliminados gracias al filtro, especialmente si
incorpora resinas de intercambio iónico.
Por otro
lado, hay que ser consciente que el CAG no retiene todas las
sustancias potencialmente presentes en el agua. Éstos son los
componentes que no se eliminan con un filtro de este tipo y
para los que se debería buscar otra solución en caso
necesario.
- Nitratos.
Por ello los filtros de carbón activo no son útiles en casos
excepcionales de aguas contaminadas con este tipo de
compuestos.
- Bacterias o
virus. Los filtros están concebidos para refinar el agua de
suministro, que en principio está libre de organismos
patógenos. Las posibles poblaciones microbianas beneficiosas
presentes en el agua o en caso de alguna contaminación puntual
del caudal de agua, el filtro puede retener parte de ellas por
el fenómeno de adsorción, pero no se garantiza el filtraje
total.
- Fluor.
Durante la potabilización del agua en algunas ciudades se
añade fluor al agua de suministro. Aunque el objetivo es
realizar una prevención de la salud dental, se sabe que
elevadas dosis de fluor causan fluorosis, una dolencia que se
manifiesta básicamente con antiestéticas manchas permanentes
en las piezas dentales. Los filtros de carbón activo no
permiten remover el fluor.
- Minerales y
sales disueltas. Los minerales que se hallan disueltos en el
agua potable pueden ser beneficiosos, o bien pueden ser sales
disueltas en una cantidad excesiva y que pueden dar mal sabor.
Esto depende generalmente de las características del medio
natural del que se obtiene el agua, sobretodo de la
composición de los materiales geológicos. Dado que no eliminan
las sustancias disueltas, tampoco evitan la dureza del agua,
causada por el calcio y el magnesio en disolución.
Así, filtrar
el agua doméstica con carbón activo es el modo de eliminar los
problemas de sabor y olor debidos a la cloración y a las
partículas en suspensión. Además, de manera complementaria
proporciona mayor seguridad respecto a contaminantes no
deseables que podrían estar presentes en muy bajas cantidades
en el agua. En definitiva, una buena solución para eliminar
sabor y olor desagradables que no sean debidos al exceso de
sales, y para aguas de suministro exentas de una contaminación
excepcional.
Filtros para
toda la casa
Hoy en día
existen diversas maneras purificar el agua de bebida en casa
con sistemas de carbón activo.
Los filtros
más habituales son los de encimera, que se instalan junto al
fregadero de la cocina y se conectan a la toma de agua del
grifo. Accionando una sencilla válvula se obtiene agua
filtrada, a través del pequeño grifo complementario, o bien se
puede continuar obteniendo agua sin tratar. Muy similares a
éstos son los filtros que se sitúan bajo la encimera,
conectados a las cañerías y que envían el agua al grifo
principal o bien a uno especialmente preparado para ello.
Estos permanecen ocultos a la vista pero ocupan espacio en el
armario inferior.
También
existen filtros de pequeño tamaño, y por tanto menor duración,
que es posible acoplar directamente en el grifo para obtener
agua filtrada. Los sistemas tipo jarra, por su parte, son
recipientes con asa de unos 2 litros, como una jarra
convencional, pero dividida en dos partes. En la superior se
encuentra el filtro recambiable, y es en la que se vierte el
agua, mientras que en la inferior se recoge el agua filtrada.
Un caso
especial son los filtros para ducha, que filtran el agua sólo
en ese punto. El cloro en el agua de ducha puede resecar el
cabello y la piel, e incluso puede provocar irritación en
personas de piel sensible, ancianos y niños. Filtrar el agua
de ducha evita estos problemas y también mejora el rendimiento
de jabones y champús. Además, también se evita la absorción de
otros contaminantes a través de la piel y la inhalación de
compuestos volátiles desde el agua. Hay que destacar el caso
paradigmático del cloroformo, un gas que se halla en el medio
como resultado de su uso industrial como disolvente, al que
sin embargo estamos más expuestos cuando se forma de manera no
deseada como subproducto de la cloración. Cuando tomamos una
ducha, el cloroformo se volatiliza desde el agua, y podemos
exponernos a concentraciones de 10 a 100 veces superiores a su
nivel en la atmósfera.
Los filtros
de carbón activo para toda la casa se colocan en la toma
general de agua. En este caso, toda el agua consumida en la
casa ha sido filtrada previamente, sea la de la ducha, la
usada para lavarse las manos y los dientes, o la que va a
parar a la lavadora o al inodoro. Este sistema tiene como
ventajas la comodidad y la estética, puesto que se dispone de
agua filtrada en cualquier punto de agua de la vivienda y el
filtro permanece en un lugar no visible. También los aparatos
se pueden beneficiar de recibir un agua más limpia. Por otro
lado, una objeción podría ser el hecho de que el agua no
clorada permanecería quieta en las conducciones y podría
favorecerse la proliferación de microorganismos. Sin embargo,
a no ser que se mantenga la vivienda deshabitada durante
varios días, lo cierto es que el agua no permanece estancada
largos períodos de tiempo: sólo el tiempo de espera hasta que
se obtiene el agua de la ducha a la temperatura deseada o las
descargas del inodoro serían suficientes para renovar
suficientemente el agua. Sí es cierto, sin embargo, que el
agua filtrada recorrería las cañerías desde el filtro hasta el
punto de consumo, y en el caso de conducciones antiguas se
podrían añadir trazas de algun metal.
El filtro
adecuado: compra correcta, uso, mantenimiento y desechos
Si se
adquiere un filtro de carbón activo se puede evitar la compra
constante de agua embotellada. La comida e infusiones se
pueden elaborar con un agua más limpia y exenta de sabores, e
incluso nuestra piel y nuestra salud lo pueden agradecer. Sin
embargo, conviene escoger el sistema de filtro adecuado. Una
compra consciente lleva más tiempo pero evita insatisfacciones
posteriores.
En primer
lugar, vale la pena escoger un modelo de filtro que incorpore
la fórmula KDF, que mejora la eliminación de las diversas
sustancias, aumenta la duración del filtro y reduce la
formación de bacterias. También se debe tener en cuenta que el
coste total del filtro incluye la inversión inicial pero
también el coste de los recambios de carbón activo. Los
filtros en el punto de uso sobre la encimera o bajo el
fregadero son más caros inicialmente, pero también más
duraderos: se recomienda cambiar el filtro una vez al año. Al
contrario, los filtros de carbón activo más pequeños tienen
una vida muy corta, simplemente porque al contener una menor
cantidad de carbón activo se saturan mucho antes. Por ejemplo,
los filtros tipo jarra tienen un bajo coste económico inicial
pero sus cartuchos filtrantes deben ser cambiados
mensualmente.
El
mantenimiento básico de los sistemas de filtración es el
recambio del filtro. Cuando el filtro se satura, los
contaminantes podrían volver al agua de bebida, de modo que se
deben seguir las recomendaciones del fabricante para cambiarlo
antes de que esto ocurra. El momento de cambiarlo depende de
la calidad del agua y del uso que se le da. En general, el
filtro estará saturado cuando no se nota su efecto, de modo
que no se percibe un mejor sabor del agua filtrada respecto la
no filtrada. Antes de llegar a este momento ya se debería
haber cambiado el filtro. Conviene tener presente que en
función de la calidad del agua potable que se recibe, en
ocasiones puede ser recomendable cambiarlo antes de lo
recomendado por el fabricante. Las necesidades de recambio
aproximadas son:
• Pequeños
filtros (filtros tipo jarra): mensualmente, o cada 150 - 300
litros filtrados.
• Filtros
medianos (filtro acoplado sobre el grifo, en el punto de uso):
cada tres meses, o cada 1200 litros.
• Grandes
filtros (filtro de encimera o bajo fregadero, filtros
generales para toda la vivienda): cada 9 meses o 1 año, o cada
8000 litros filtrados.
En caso de
querer llevar un control más estricto e ir más allá de las
indicaciones de cada fabricante, se puede adquirir un kit de
análisis de cloro, similar a los utilizados en piscinas, para
comprobar la efectividad del filtro conforme pasa el tiempo.
Cambiar periódicamente el filtro permite que la calidad de
agua que proporciona sea la adecuada y minimiza el posible
riesgo de proliferación de bacterias en el interior del
filtro.
Por lo que
respecta a la seguridad en el consumo, el agua filtrada carece
de protección contra la proliferación bacteriana, y por ello
se recomienda consumirla con una cierta rapidez después de ser
filtrada, típicamente en 2 ó 3 días. También se aconseja
mantener refrigerada el agua filtrada si no se va a consumir
durante el día, así como mantener una limpieza períodica (por
ejemplo, semanal) del recipiente donde se guarda.
Finalmente,
hay que destacar que caemos en una paradoja si nos preocupamos
por nuestra salud en los límites de nuestra casa pero obviamos
la salud del entorno, y por ello no es gratuito intentar
generar la menor cantidad posible de desechos y facilitar su
correcta gestión.
El volumen de
residuos que generamos es mayor o menor en función del tipo de
filtro. En el caso de los de pequeño tamaño, más baratos
inicialmente, es necesario seguir estrictamente los períodos
de cambio del filtro, pero esto se traduce en un consumo
continuo de pequeños cartuchos que se desechan, a nivel
trimestral o incluso mensual. Los sistemas de mayor tamaño,
como los de encimera o los generales para toda la vivienda, se
pueden sustituir cada 9 a 12 meses.
En algunos
países existe un sistema de recogida de los cartuchos en las
propias tiendas de los detallistas para la recuperación de los
componentes y su reciclaje. Sin embargo, no es el caso
español. Aunque algunos fabricantes aseguran que el cartucho
recambiable puede ser gestionado a modo de envase (de hecho
una carcasa plástica que contendría un residuo orgánico), lo
cierto es que el tratamiento que merece es el de residuo
especial. Mientras que la parte plástica sí podría ser
reciclada, el carbón activo es un material difícil de
gestionar. A nivel industrial, el material adsorbente se
regenera, es decir, se limpia de contaminantes y se reutiliza.
En el caso de los filtros a nivel doméstico, con pequeñas
cantidades de carbón activo, el proceso no resulta rentable, y
el resultado es que se le da un tratamiento finalista, es
decir, su incineración o disposición en un vertedero. En todo
caso, conviene escoger un modelo que no supedite su
funcionamiento al gasto constante (tanto de materiales como
económico) y gestionar de manera adecuada aquél desecho que
generamos, si es posible llevándolo a un punto verde.
En
definitiva, los filtros de carbón activo pueden ser una mejora
para nuestra calidad de vida, y evitan el impacto ambiental de
la extracción y comercialización de agua envasada. Además, se
pueden elegir los sistemas de más calidad y más duraderos. En
resumen, mejorar nuestro confort tratando de reducir nuestro
impacto sobre la aldea global.
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